¿ES POSIBLE HOY VIVIR COMO LAS PRIMERAS COMUNIDADES CRISTIANAS?

   
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     El seguimiento de las enseñanzas de Jesús y de la Iglesia surge desde siglos pertenecientes a la prehistoria, donde la humanidad no tenía una visión completa acerca de quién sería su líder para el resto de la eternidad. De esta manera, la llegada del Hijo de Dios ciertamente provocó un cambio en el estilo de vida de las comunidades primitivas. Desde este punto, seremos conscientes del comienzo de una nueva era, donde el permanecer juntos en familia y ser miembros de esta comunidad cristiana serán factores claves para hallar la verdadera felicidad.
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     En la actualidad, la mayoría de los hombres se encuentran alejados del camino que el Padre nos ha enviado debido a la influencia de actividades mercantilistas y el deseo inverosímil del poder y la avaricia. En esta medida, la presencia de las rutas creadas por los discípulos de Jesús se encuentra como un factor inasequible de visualizar. Ciertamente, un gran porcentaje de los seres humanos del siglo XXI han perdido la esperanza de que el pasado de la fe de Dios pueda ser un fundamento optimista para la realidad en la que convivimos. Sin embargo, considero que este hecho no debería ser visto como una situación utópica de establecer, puesto que las oportunidades de convivir como las comunidades primitivas se presentan diariamente en nuestra vida cotidiana, aunque no seamos conscientes de aquello.

     Explicarles a nuestros compañeros/as en clase acerca de alguna asignatura que se les haga compleja, ayudar a mis padres en el hogar o en el trabajo, vivir en familia compartiendo las mismas necesidades básicas y ayudando los unos a los otros son claros ejemplos de que la esencia de las primeras comunidades cristianas forma parte de nuestra realidad, es decir, no se necesita llegar a ser una religiosa o convertirnos en un sacerdote para ayudar al prójimo. Todos fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios, motivo por el cual tenemos las mismas posibilidades de contribuir hacia el bienestar de las sociedades heterogéneas que nos rodean. En efecto, si somos niños o jóvenes, nuestras actividades colaborativas podrían ser muy pequeñas de acuerdo a nuestras propias percepciones. No obstante, su resultado podría ser impresionante, y nosotros mismos podríamos llegar a ser testigos de la presencia del Reino de los Cielos en nuestro entorno.

Resultado de imagen para comunidades cristiana    Realmente, considero que todos nuestros hermanos y hermanas de la Iglesia pueden ser parte de las comunidades cristianas. Probablemente, no todos hayamos nacido con el don de formar parte una comunidad religiosa plena en la oración solemne y en la responsabilidad por el clérigo. Sin embargo, sí podemos ser seguidores de Dios. El techo de un hogar no nos asegura la realización de una comunidad. Nuestras palabras y acciones son los elementos que determinarán cómo vayamos a ser juzgadas y así mismo, cómo se regirá nuestro proyecto de vida.


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